Poker de ases

Durante este último verano, mucha gente perseveraba y reiteraba en el interés de que esta campaña universitaria no iba a ser una más. Y es que la fastuosa camada de jugadores de esta clase no está dejando indiferente a nadie, y los General Managers de las franquicias de la NBA se frotan las manos ante la semejante dosis de talento que veremos en profesionales el próximo año.

Y ya no sólo hablamos de jugadores de primer año. Jugadores de la talla de Gary Harris, Marcus Smart, Kyle Anderson, Rodney Hood, Willie Cauley-Stein, Adreian Payne o el siempre incisivo Doug McDermott siguen demostrando semana tras semana que este año no es sólo es el draft de los freshmen, sino que el talento viene ya madurándose desde años posteriores, y la mezcla de ambos conjuntos está resultando ser uno de los draft más interesantes de estas dos últimas décadas.

Pero para qué engañarnos. Es un draft como el que no ha habido en años, con jugadores muy buenos que por la competitividad generada este curso van a caer muy abajo en el cuadro, pero un draft donde los nombres propios son cuatro jóvenes perlas que pueden retumbar los cimientos de la NBA, cuatro jugadores por los que las franquicias NBA han vuelto a sacar a la palestra tras mucho tiempo el término tanking, el sacrificio del presente por el futuro y el "podemos permitirnos tirar la temporada a la basura porque lo que viene... va a ser muy grande".

Tres de ellos los conocemos muy bien, ya que nos los llevan inyectando en mente desde la temporada pasada en su último año de instituto: la gran promesa de la Ciudad del Viento, Jabari Parker, en su momento proclamado mejor jugador de su generación durante un par de años; el nuevo líder del Team Calipari y talentoso combo-forward del norte de Texas, Julius Randle; y el alero canadiense por el que suspiraba media NCAA hace escasos meses y que ha arrebatado el trono de mejor jugador de esta generación a Parker tras su re-clasificación, Andrew Wiggins. Sin embargo, visto como ha ido aconteciendo esta temporada, nos vemos obligados a incluir en esta terna de talento a raudales a un jugador que ha pasó a un segundo plano en sus Jayhawks, eclipsado por el hype y el potencial de su compañero Wiggins, y que a base de trabajo y talento se ha colocado prácticamente por unanimidad en lo más alto de los mocks de draft en la red, el pívot camerunés Joel Embiid, conformando así el poker de ases de jugadores de primer año que asaltarán el draft el próximo mes de junio.

A día de hoy, sus aventuras por la NCAA en este primer tramo de temporada ha sido muy variopinto, lo mismo que sus equipos. Todos han experimentado el sabor de la derrota ante conjuntos muy por debajo de su nivel, han conseguido victorias brillantes ante otras potencias universitarias y han alternado partidos espectaculares a nivel estadístico con otros donde casi ni se les ha visto o han acabado pasando casi desapercibidos. Para los que aún no han tenido la ocasión de disfrutar lo suficiente de ellos, o no siguen habitualmente la competición, os presento unas pocas líneas sobre su recorrido, su actualidad y su porvenir.

Natural del sur de Chicago, su increíble físico y su facilidad para el baloncesto no tardaron en sonar a lo largo de todo el estado de Illinois, uno de los muchos que respira baloncesto por los cuatro costados. No era un deporte nuevo para él puesto que su padre, Sonny Parker, fue un ex-jugador de la NBA en la década de los 70 y 80, por lo que tenía en casa a su más fiel espejo donde mirarse.

Su verdadera trayectoria como jugador de baloncesto comenzaría con su elección de instituto, Simeon Career Academy, cuna estatal de otros grandes talentos como Derrick Rose, Nick Anderson, Bobby Simmons o el malogrado Ben Wilson, donde se convertiría en todo un ídolo de masas. Su talento para el basket y su potencial casi ilimitado a su corta edad atrajo enseguida el interés de numerosos programas universitarios con apenas 14 años, destacando los de Kansas, Duke, Kentucky, North Carolina o su principal referencia estatal, Illinois.

Durante sus cuatro años en Simeon, Parker no hizo más que acaparar focos y premios a partes iguales. Fue indiscutible número uno de su generación para portales especializados como ESPN o MaxPreps, y ha tenido competencia a nivel estatal con otros jugadores como Anthony Davis, Wayne Blackshear, Ryan Boatright, Frank Kaminsky o Jahlil Okafor. A sus espaldas acaparó galardones como las cuatro ediciones del ESPN National Player of the Year, Illinois Mr. Basketball durante dos años consecutivos o la obtención de dos medallas de oro en categorías inferiores de la selección norteamericana.

El alero comenzó a acaparar verdadero protagonismo a nivel nacional, y su nombre era un constante vaivén en debates radiofónicos y de televisión, a la par que comenzaba a aparecer en portadas de revistas. La más sonada fue probablemente la de Sports Illustrated en 2012 donde aparecía como "el mejor jugador de High School desde LeBron James", un artículo donde cobraba especial protagonismo su conexión entre baloncesto y religión, puesto que su madre y todos sus hermanos son mormones, algo muy poco habitual en su Illinois natal.

A finales de ese 2012 llegaría el gran momento donde Parker decidiría su futuro universitario en favor de Duke, por delante de programas como Michigan State, Florida, North Carolina o Kansas, liderando el nuevo -y talentoso- proyecto de Mike Krzyzewski para este año, unos pocos meses después de conocerse la noticia de que no iba a ser el número uno de su camada por la re-clasificación de Andrew Wiggins desde la de 2014.

Sus nominaciones para Player of the Year en distintos rankings y para los numerosos primeros quintetos de la temporada se sucedían, y el jugador ya mostraba sus buenas dotes durante la pretemporada del equipo antes de debutar en casa ante Davidson, con 22 puntos. Seguidamente, Parker regresaría a su Chicago natal para disputar el Champions Classic ante la universidad de Kansas, que supuso el primer enfrentamiento directo en college ante Andrew Wiggins, consiguiendo 27 puntos y 9 rebotes, pero no impidiendo la primera derrota de la temporada para Duke. Pese a ello, Parker seguía a un nivel de juego altísimo, y durante casi dos meses no bajó de la docena de puntos en todos sus partidos, sonando con fuerza nuevamente para recuperar el trono al número uno del draft que le había conquistado Wiggins, mucho más espeso en este inicio de competición.

Sin embargo, Parker -y casi por extensión el equipo entero- comenzaba a bajar sus prestaciones en cuanto comenzaron los enfrentamientos directos de la ACC, especialmente durante las dos derrotas sufridas ante Notre Dame y Clemson, donde el rendimiento de Parker -el defensivo, especialmente- junto con una bajada de brazos notable respecto a los partidos de inicio de temporada le situaban en el punto de mira negativo de muchos analistas durante esas dos semanas. El Rookie Wall, llegaron a comentar algunos incluso. Con el carácter de Parker, su mentalidad ganadora y los compañeros y entrenadores que tiene a su lado, será cuestión de tiempo que el jugador vuelva a coger confianza para conseguir llevar a Duke de nuevo a posiciones privilegiadas del ranking.

Pese a ello, Parker ha demostrado ser el jugador más regular de entre los grandes freshmen de su camada, y pese al meteórico ascenso que está experimentando Embiid en estas últimas semanas sigue siendo uno de los grandes favoritos para hacerse con ese primer puesto del draft. Sus condiciones físicas y técnicas son inauditas, un NBA Ready desde el momento en que puso un pie en la NCAA, y con su fortaleza mental y ganadora a lo poco que muestre una pizca de su talento en una franquicia NBA que le dé minutos estaremos hablando de un potencial candidato a ser All-Star en unos pocos años. Una apuesta segura en las tres primeras posiciones para los equipos que no deseen arriesgarse en exceso en este draft... si finalmente acaba desembarcando en él este año, ya que el periodista Sam Smith (bulls.com) sugería que Parker podría quedarse un segundo año en los Blue Devils, algo que fue negado por su padre horas más tarde, alegando que su hijo no había tomado una decisión y que ya lo haría cuando finalizase la temporada. Pendientes de él estaremos.

El alero canadiense Andrew Wiggins se ha convertido en una de las grandes promesas del baloncesto norteamericano, más aún tras conocerse su decisión de re-clasificarse desde la hornada de 2014 y conformar una clase de reclutamiento más potente si cabe.

Natural de Ontario, Wiggins desciende también de familia deportista y, al igual que Jabari Parker, su padre llegó a debutar en la NBA, Mitchell Wiggins, aunque sin asentarse como jugador importante, aunque sí que tuvo una dilatada experiencia profesional en otras ligas norteamericanas y en Europa. Además, actualmente sus dos hermanos mayores juegan también a baloncesto en la NCAA: Nick Wiggins en la universidad de Wichita State y Mitchell Wiggins Jr. en Southeastern University. Además, sus tres hermanas también juegan a baloncesto, y su madre, atleta, fue medallista olímpica en los Juegos Olímpicos de Los Angeles. Se podría decir que la genética le favorece al joven Andrew.

Wiggins es el orgullo del baloncesto canadiense a sus 18 años. Un baloncesto que estos últimos años esta nutriendo a nivel profesional y universitario a un gran número de jugadores de un nivel considerable, y que en los próximos años podrían formar un bloque muy interesante en competiciones internacionales de la misma forma que lo están haciendo en categorías inferiores. Estos últimos años han llegado a la NBA jugadores de la talla de Anthony Bennett, Tristan Thompson, Cory Joseph, Andy Rautins, Robert Sacre, Kris Joseph o Andrew Nicholson, y en la NCAA podemos encontrar también a mucho talento canadiense como Brady Heslip, Dwight Powell, Nik Stauskas, Melvin Ejim, Jordan Bachynski, Olivier Hanlan, Tyler Ennis, Kyle Wiltjer, Khem Birch o Kevin Pangos; alguno de ellos incluso ya perteneciente al equipo nacional. Esto demuestra el tremendo potencial que tiene el país canadiense en baloncesto en ciernes.

Tras dos años en su Ontario natal, Wiggins adquirió verdadero protagonismo con su llegada a Estados Unidos, donde pidió el transfer a Huntington Prep, en West Virginia, uno de los mejores programas de baloncesto de instituto de todo el país. De él han salido también recientemente otros jugadores como el pívot senegalés Gorgui Dieng, actualmente en la NBA, los enormes hermanos Tanveer y Sim Bhullar, su ex-compañero Xavier Rathan-Mayes o los también universitarios Dominic Woodson y Moses Kingsley.

Con promedios de más de 23 y 24 puntos en sus años en Huntington, valiéndole numerosos premios de Player of the Year, Wiggins se hizo un nombre a nivel nacional, y pronto empezaron los analistas a hacer sus -innecesarias- comparaciones con jugadores del calibre de LeBron James o Kevin Durant, que fue lo que realmente atrajo al gran público universitario, e incluso el interés de los grandes scouts de la NBA, debido a su plasticidad, su impresionante físico y su facilidad de anotación.

Éstas comparaciones por su forma de jugar unido a su incalculable potencial como jugador NBA ha propiciado que se le asocie al joven canadiense un hype y una fama considerable, más aún después de conocer la decisión de Wiggins de recuperar su año perdido (por el transfer desde Canadá a Estados Unidos) y regresar a su generación correspondiente, la de 2013, pasando a ser el mejor jugador de la generación de 2014 al de la 2013, desplazando a Jabari Parker a la segunda posición.

Desde que se conoció su re-calificación en octubre de 2012, numerosos programas universitarios acecharon al joven jugador canadiense durante todo su año senior de High School, algo que acabó extendiéndose hasta el mes de mayo de 2013, siendo la principal comidilla a nivel de baloncesto nacional una vez que finalizó el pasado NCAA Tournament. Tras desestimar la opción de John Calipari y Kentucky, una de las grandes favoritas para los aficionados, Wiggins se decantó por marcharse con Bill Self y sus Kansas Jayhawks por encima de los programas de la ACC de North Carolina y Florida State, éste último amparado por sus propios padres, donde éstos estudiaron.

La trayectoria de Andrew Wiggins en la NCAA en este primer tramo de competición no está siendo lo esperado por muchos, ya que por el momento no está respondiendo a las expectativas generadas por un jugador de su calibre. Su irregularidad y su floja mentalidad en la pista están siendo su santo y seña estos últimos meses, alternando muy buenos encuentros con otros donde incluso él mismo se borra del choque. Su capacidad atlética, su velocidad y cambios de ritmo, su talento ofensivo y su potencial para ser también en un futuro un buen defensor es abrumador, pero muchas veces da la sensación de falta de competitividad, de inseguridad con el balón en las manos, de poca creación de juego... que quizás no corresponde a esa futura estrella y dominadora en la NBA que muchos han pronosticado a medio plazo.

Ese hype del que tantísimo se ha hablado desde que comenzó la temporada le está pasando factura. Probablemente sin esa presión encima, podríamos estar hablando de un Wiggins mucho más determinante, con más seguridad en sí mismo y vislumbrando cada vez más ese increíble talento que atesora, y que hasta ahora está mostrando a cuentagotas. Indistintamente, es un jugador llamado a dominar en la NBA, y que tarde o temprano romperá ese cascarón que le tiene aprisionado y se le podrá ver en todo su esplendor. No hay que olvidar que tiene 18 años, y que tan solo llevamos poco más de 2 meses de competición.

Texas respira football, el Lone Star State se le conoce, como atestiguan sus orgullosos Cowboys. Pero entre tanto loco del deporte del balón elipsoide hay cabida para respirar buen baloncesto, no solo NBA con sus tres franquicias, sino a nivel de baloncesto base, siendo una de las más fructíferas canteras de toda la nación.

Su última gran perla proviene del norte del estado, desde Dallas, donde desde hace un par de años viene pisando fuerte Julius Randle. Al igual que sus dos compañeros anteriores, Randle posee figuras baloncestistas muy cercanas, pese a que en High School llegó a jugar también al football. Su mentor, quien es también su figura paterna desde los 8 años de edad, llegó a jugar de forma testimonial en la NBA, mientras que su madre jugó también a baloncesto para la universidad de Texas Arlington en su juventud.

Su increíble configuración física, su movilidad, su envergadura de brazos y sus buenos instintos con la pelota en su poder le hacen ser un jugador totalmente atípico. Ya destacaba de manera soberbia en sus primeros años en Prestonwood Christian Academy, donde pasó sus últimos tres cursos de instituto, y más aún cuando dio el estirón. Ya a los 16 años se había convertido en toda una institución dentro de su estado, y con 17 años ya había logrado dos campeonatos estatales con sus compañeros en tres años, venciendo incluso a dos de los grandes prospects a nivel nacional que también mostraban sus talentos en el estado texano, los hermanos Aaron y Andrew Harrison, que posteriormente serían compañeros suyos en Kentucky.

Apurando en marzo de 2013, Randle elegiría finalmente Kentucky como destino universitario, pese a la gran campaña realizada en Lawrence para que el prometedor jugador texano se uniese a Bill Self en Kansas Jayhawks, aunque el disgusto de los aficionados y estudiantes por su no elección paso al olvido poco después con el compromiso de Andrew Wiggins, como era de esperar. Así, John Calipari conseguía desquitarse de su horrenda temporada pasada -recordemos, eliminados en primera ronda del NIT frente a Robert Morris- con una de las mejores clases de reclutamiento de la historia de la Big Blue Nation, donde anteriormente había logrado el compromiso de los citados hermanos Harrison, James Young, Dakari Johnson o Marcus Lee.

Su inicio de campaña fue espléndido, destacando como uno de los freshmen con mayor impacto en las primeras semanas de competición, desatascando a los Wildcats desde el poste bajo, con muy buenos promedios anotadores y reboteadores y haciendo circular mucho el balón dentro y fuera, logrando promediar un doble-doble en sus siete primeros partidos de la temporada. Poco a poco ha ido perdiendo regularidad conforme ha ido transcurriendo la temporada, y en sus intentos por amoldarse a una teórica posición de '3' o de interior abierto ha jugado también en su contra, y le está ocasionando muchas pérdidas y malos tiros, perdiendo mucha efectividad a medida que se aleja del aro.

Mucho que esperar -y mejorar- de Randle de aquí a que acabe la temporada. Sus interesantes skills, su intensidad en la pista y con ese físico que gasta, la NBA le espera con los brazos abiertos. Su principal cuello de botella es que es un jugador que tiene que terminar de definirse una vez dé el salto a profesionales. Él ya ha comentado más de una vez de su interés por mejorar a larga distancia y amoldarse a una posible posición de alero, pero en los Wildcats no termina John Calipari de ajustarlo allí, sino en la pintura, que es donde más rendimiento le está dando. Su teórica escasez de centímetros para jugar de 4 y sus problemas defensivos lo compensa con mucha movilidad, mucha inteligencia repartiendo juego y mucha aportación en el rebote y en la anotación bajo tableros. Puede ser un poderoso 4 en la NBA, pocos pueden dudar de ello, pero si logra encontrar un equipo o un entrenador que le dé cancha para jugar más abierto (veremos si Calipari, según sigue avanzando la temporada) puede suponer también una seria amenaza lejos del aro si sigue trabajando duramente.

No el perdáis de vista en lo que queda de temporada universitaria, porque es un jugador que todavía tiene mucho que ofrecer. Verlo jugar con esa garra, con ese entusiasmo y con lo determinante que es a nivel universitario, bien vale pagar una buena entrada. Dará mucho que hablar en la NBA, y no sería raro verle a nivel de All-Star en muy pocos años si sigue con su mejora física y técnica, más aún con la buena ética de trabajo que tiene pese a su juventud.

No es ni mucho menos la primera vez que hablo del joven Joel Embiid. Ya hace unos meses, antes de comenzar la temporada colegial de este curso, escribí un poco sobre la nimia trayectoria de Embiid como jugador de baloncesto, desde sus inicios en Camerún hasta su reclutamiento por Bill Self para sus Kansas Jayhawks este año. Por ello, para no volver a repetirme, os remito a él.

Su temporada ha ido increscendo de forma exponencial. Sorprendió mucho este verano verlo en los rankings de ESPN como el mejor pívot de su generación, por delante de su ex-compañero Dakari Johnson, e incluso comenzó la temporada jugando pocos minutos, con el transfer de Memphis Tarik Black como principal referencia interior del equipo junto a Perry Ellis. Pero era cuestión de tiempo que el camerunés gozase de más minutos y demostrase la pasta de la que está hecho.

Desde los aficionados y analistas de basket universitario hasta sus propios compañeros de equipo alucinaban con el nivel que mostraba Embiid sobre la pista. Con el paso de los meses se ha convertido en uno de los grandes dominadores de la NCAA, y su fluidez en el juego, su potencia, sus movimientos en el poste y su dominio bajo tableros rápidamente han hecho que apareciesen comparaciones con toda una leyenda NBA como Hakeem Olajuwon, precisamente una de las figuras del joven jugador. A día de hoy, es raro encontrar un mock un análisis concienzudo del próximo draft donde Embiid no aparezca en las dos primeras posiciones del mismo.

Su nivel de crecimiento baloncestístico y la velocidad con la mejora sus fundamentos conforme pasan los partidos es vertiginosa, pero no hay que olvidar que es un jugador que aún está por pulir, que aún está verde, en formación y que aún dispone de muchas deficiencias en su juego.

Verlo sobre la pista es una delicia para los ojos. Domina a su par en la zona casi sin quererlo, es capaz de sacar provecho de cada balón que llega a sus manos, el rendimiento defensivo y reboteador que ha mostrado desde que es titular es sensacional, corre la pista y se mueve como un alero más, dispone incluso de una buena mecánica de tiro y un muy interesante lanzamiento de a media distancia y tiene un físico y unos brazos que asustan. Todo ello sin ser el jugador que habitualmente se lleva los méritos y halagos de su equipo (Andrew Wiggins), pero que poco a poco está ganándole terreno al mismísimo -y casi indiscutible hasta el momento- número uno de su generación.

No me arriesgo mucho si aseguro que es un jugador con impacto inmediato en la NBA, aunque no tengo (de momento) tan claro que pueda estar a la altura de un mito como Olajuwon, como muchos pronostican. Un pívot con esas habilidades no pasa desapercibido en profesionales. Y menos aún en el draft, más visto cómo les gusta a los General Managers un jugador interior dominante. Tiene potencial para ser o que él quiera, y su techo sólo se lo puede poner él mismo. Disfrutemos de él en la NCAA mientras podamos.